viernes, 26 de marzo de 2010

Sawney Bean, el antropófago escocés

Alexander Sawney Bean nació, supuestamente, en el s. XVI en el pueblo de East Lothian, localidad escocesa cercana a Edimburgo. Hijo de un honrado leñador y constructor de canales de riego, comprobó durante su juventud que el trabajo duro no estaba hecho para él, por lo que abandonó su casa para ir a vivir a la cercana Ayrshire, donde conoció a Agnes Douglas, una prostituta con la que comenzó a convivir y que poco más tarde fue acusada de bruja.

Dada la gravedad de los cargos, tuvieron que huir, encontrando cobijo en una cueva muy próxima a la costa que se convertiría en su hogar y refugio en el que ocultarse de las fechorías que cometieron junto con su familia a lo largo de una carrera criminal que se extendió durante veinticinco años.


Su vida en la cueva transcurrió con relativa tranquilidad durante los primeros años, dormían por el día y, por la noche para no ser descubiertos, asaltaban, robaban y después asesinaban a los viajeros que pasaban por las cercanías. Pero sus caracteres se fueron haciendo cada vez más y más salvajes, comenzaron a tener hijos -seis niñas y ocho niños-, y con ellos la situación se tornó más acuciante, ya que había más bocas que alimentar. Si a ello sumamos los dieciocho nietos y catorce nietas fruto de las relaciones incestuosas entre los miembros del clan, es de suponer que con el tiempo deberían dar un paso más para sobrevivir. Y lo dieron, pues a los asesinatos sumaron la antropofagia, llevando a sus víctimas a la cueva para despedazarlas y devorarlas.

Los restos de los cuerpos que no eran consumidos por la familia eran arrojados de la cueva y devueltos por la marea a las playas cercanas. Según fueron siendo hallados, en los pueblos de los alrededores se comenzó a hablar de la existencia de lobos, de hombres lobo e incluso de demonios; frenéticos y aterrorizados, los vecinos comenzaron las pesquisas para intentar encontrar a los culpables y con ellas comenzaron también los errores, pues hubo numerosas personas que fueron condenadas a muerte sin ser, obviamente, los causantes.

Pero la fortuna de los Bean dio un giro cuando, una noche, atacaron a un matrimonio que regresaba a su casa a lomos de su caballo después de haber estado en una feria. El hombre, experto en el uso de las armas se defendió con su sable y su pistola, pero no pudo evitar que su mujer fuera capturada y muerta allí mismo. El combate cesó cuando, otro numeroso grupo de personas que iban por el mismo camino vió lo que ocurría y consiguieron poner a la familia Bean pies en polvorosa. Consiguieron escapar, sí, pero ya habían sido descubiertos.


Pocos días después, una partida de 400 hombres dirigida por el mismísimo rey Jacobo VI de Escocia comenzó su búsqueda. Los sabuesos señalaban con furiosos ladridos la entrada de la cueva, y aunque se estuvo a punto de no entrar por la dificultad para acceder a ella, cuando el monarca, junto con varios hombres, fueron avanzando en su interior, la luz de las antorchas les reveló un espectáculo dantesco: miembros humanos colgados de las paredes, otros en salazón, y las pertenencias de aquellos pobres desgraciados apiladas en un rincón.

Tras ser capturados, Sawney y su familia fueron encerrados en la cárcel de Edimburgo y trasladados posteriormente a la de Glasgow, donde fueron ejecutados sin juicio. En un acto de crueldad similar a las atrocidades cometidas por los Bean, a los hombres les amputaron las extremidades y se les dejó desangrar en presencia de las mujeres. Ellas fueron quemadas en la hoguera.

En la cercana localidad de Girvan circula una leyenda que habla de una mujer, hija mayor de Sawney, que abandonó la cueva para instalarse allí, integrándose perfectamente en la sociedad, pero alguien descubrió su ascendencia y fue ahorcada en un árbol que ella misma había plantado. Se dice que, desde entonces, quien se para bajo él, puede escuchar el sonido del cuerpo de la hija de Sawney balanceándose. Conocido popularmente como el árbol peludo, se desconoce cuál pudo ser su ubicación, aunque actualmente se está investigando con el fin de atraer al turismo.


Una horrible historia, qué duda cabe. Sin embargo, hoy en día está considerada más como un mito; no hay constancia oficial de la existencia de Sawney, aunque esto podría ser normal debido a que en aquellos tiempos aún no existía el censo, pero tampoco hay ningún registro que refleje las ejecuciones. Por otra parte, la cárcel de Edimburgo, según sus ruinas, era una torre, lo que hubiera impedido encerrar y custodiar dentro de ella a 48 personas.

Esto da lugar a una pregunta: ¿por qué alguien iba a inventar algo así y qué intereses escondía? Bien es cierto que estos sucesos ya se conocían desde tiempo inmemorial en Ayrshire y alrededores como una especie de cuento del hombre del saco, pero también lo es que la primera vez que aparecen en papel impreso fue en un libro escrito por el capitán Charles Johnson cuyo título era Historia general y verdadera de las vidas y hechos de los más famosos bandoleros, asesinos, ladrones de calles, etc., el cual fue publicado el año 1734 en Londres y en Birmingham en el 1742 durante los levantamientos jacobitas. Así, la leyenda del clan Bean hubiera sido aprovechada por los propagandistas ingleses para representar a sus vecinos del norte como ignorantes y capaces de cualquier depravación.

Ciertamente, existe la posibilidad de que, al igual que en muchas otras partes, el canibalismo se diera en Escocia en periodos de hambruna pero, a ciencia cierta, no hay evidencias que permitan confirmar que la existencia de Alexander Bean y su familia llegara a ser real.

jueves, 25 de marzo de 2010

La Mataviejitas Mexicana


Nombre: Juana Barraza Samperio

Sobrenombre: La Mataviejitas

Fecha de nacimiento: 1954

Lugar de los asesinatos: Ciudad de México

Pais: Mexico

Fecha de los asesinatos: 1998-2006

No. de Victimas: +20 asesinatos

Tipo de victimas: Mujeres ancianas

Tipo de Asesino: Estranguladora, sádica, asesina de ancianos

Modus Operandi: Disfrazada de enfermera o de asistente social entraba a la casa de sus victimas, todas mujeres ancianas, las golpeaba, las estrangulaba y robaba objetos para después escapar.

Captura y condena: Arrestada el 25 de enero de 2006 y condenada a 759 años de prisión

Informe final: Actualmente se encuentra presa en la cárcel de Santa Martha Acatiltla

JUANA BARRAZA "LA MATAVIEJITAS" (MEXICO)
Biografia:
Juana Barraza, cuenta con conocimientos de enfermeria, nació en la ciudad de Puebla en 1954, dedicada también en algunas ocasiones a la lucha libre (bajo el seudónimo de "La Dama del Silencio") o a la venta de rosetas de maíz afuera de la arena de lucha, y supuesta adoradora de la Santa Muerte; cometió varios homicidios en el área metropolitana de la Ciudad de México desde los años 90 del siglo XX hasta principios del año 2006.
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Barraza se ha transformado en uno de los casos más interesantes dentro de la historia criminal en México, ya que durante muchos años se mantuvo la comisión de sus crímenes sin ser capturada, y por la semejanza de su modus operandi con el de famosos asesinos en serie de otros países, como El Monstruo de Montmartre.
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El primer asesinato atribuido a la mataviejitas fue cometido a fines de los años 90 aún cuando la serie de asesinatos comenzó presuntamente el 17 de noviembre de 2003. Se ha estimado que el número total de sus víctimas es de entre 20 y 48.
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El 31 de Marzo del 2008, el juez 67 de lo penal, con sede en Santa Martha Acatiltla dictó sentencia en contra, al otorgarle 759 años y 17 días de prisión por 17 homicidios y 12 robos cometidos en agravio de personas de la tercera edad. Si continúa viva a la edad de 100 años, podrá disponer de su libertad en el 2056.
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Todas la víctimas de la asesina eran mujeres adultas mayores (ancianas), quienes en su mayoría vivían solas. Las muertes eran provocadas por golpes, heridas de armas punzocortantes o estrangulación, con robos materiales a las víctimas inmediatamente después de ser asesinadas. En casos aislados, se encontró evidencia de abuso sexual en las víctimas.
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En el transcurso de las actividades criminales de la mataviejitas, las autoridades policiacas fueron duramente criticadas por los medios de comunicación puesto que, todavía a finales del 2005, asumían un "sensacionalismo mediático" respecto a un asesino en serie. Asimismo, se criticó el hecho de que el asesino era buscado, tal vez inútilmente, entre las prostitutas y/o travestis de la Ciudad de México. De hecho, durante la cacería de la asesina, Bernardo Bátiz, entonces Procurador de Justicia de la Ciudad de México, había indicado que 'el Mataviejitas' era 'brillantemente listo' (creyéndose hasta ese momento que se trataba de un hombre y no de una mujer) que cometía sus crímenes después de un corto período durante el cual se ganaba la confianza de sus víctimas. Los oficiales que investigaban el modus operandi del asesino sospecharon que el o la 'mataviejitas' se presentaba ante sus víctimas como trabajador social del gobierno (enfermera), ofreciendo programas de beneficencia para personas de la tercera edad.
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La búsqueda de la asesina fue complicada debido al cúmulo de evidencias contradictorias. En un punto de la investigación, la policía conjeturó que eran dos asesinos los que podrían estar implicados. También se puso singular atención en la extraña coincidencia de que por lo menos tres de las víctimas del asesino poseían una copia de una pintura del siglo XVIII, Niño en Chaleco Rojo, del artista francés Jean-Baptiste Greuze. Interesantemente, antes de la captura de la presunta asesina, las autoridades mexicanas divulgaban declaraciones de testigos que señalaban que el asesino usaba ropa de mujer para acceder a los apartamentos de las víctimas. En uno de los casos, uno de los testigos observó a una “mujer grande con una blusa roja” salir del hogar de una de las mujeres asesinadas. Ello fue interesante para los criminólogos, forenses y detectives puesto que había grandes paralelos entre la mataviejitas y el monstruo de Montmartre. Bajo ese contexto, se atribuyó al asesino (presumiblemente varón) la posibilidad de una doble personalidad. Otra observación interesante hecha por los investigadores fue la extraña coincidencia de que algunas de las víctimas de la asesina en serie eran de origen español.
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El mayor avance en el caso ocurrió el 25 de enero de 2006 cuando se arrestó a una persona sospechosa huyendo del hogar de la última de las víctimas atribuidas a la asesina. La víctima, Ana María de los Reyes Alfaro, de 82 años de edad, residente de la colonia Moctezuma 1a sección en la ciudad de México, había sido estrangulada con un estetoscopio, siendo varias veces apuñalada con un cuchillo ranger militar.
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Para sorpresa de muchos, que aseguraban que el asesino era hombre, la persona detenida fue Juana Barraza Samperio, de entonces 48 años. En pruebas preliminares, Barraza se asemejaba bastante a un modelo de arcilla que describía las características faciales del asesino: Persona de cabello tupido, teñido de color rubio y rostro de facciones duras. Al ser detenida portaba un estetoscopio, formas de solicitud de pensión para adultos mayores y una tarjeta que la identificaba como trabajadora social. Preliminarmente, la policía de la ciudad de México aseguró que las huellas digitales de Barraza habían sido encontradas en la escena de por lo menos diez homicidios.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Un Cirujano De Ultratumba

¿Puede el espíritu de un hombre muerto hace más de cuarenta años tomar posesión del cuerpo de otro, efectuar a través de él una operación imaginaria... y conseguir una curación? He aquí el asombroso caso del doctor Lang.

Actualmente, el doctor Lang es más conocido que nunca. Su reputación por ayudar a las víctimas de diversas enfermedades -a veces cuando han fallado todas las demás terapéuticas- es internacional. Se le puede consultar en su clínica de Aylesbury (en Buckinghamshire, Inglaterra), o bien en otras que dirige en Europa y en Estados Unidos. Nada hay de extraordinario en ello hasta que se sabe que el doctor Lang, o, para ser más exactos, mister William Lang, reputado cirujano y especialista en oftalmología, falleció en 1937 a la edad de ochenta y cuatro años.

Al parecer, desde 1946 el doctor Lang ha proseguido su labor a través del médium británico George Chapman, y la asociación de ambos se ha convertido en uno de los casos más interesantes en los anales de las actividades mediúmnicas.

Chapman fue criado por sus abuelos en Liverpool, y desempeñó varios empleos antes de alistarse en los Irish Guards en 1939. Más tarde pasó a la Royal Air Force y estuvo destacado en la base de Halton, Buckinghamshire, donde conoció a una muchacha del lugar y se casó con ella. Una vez terminada la segunda guerra mundial, se incorporó a la brigada de bomberos de Aylesbury.

En aquella época, Chapman lloraba todavía la pérdida de su hijita Vivian, que murió en 1945, un mes después de su nacimiento, y trataba con afán de descubrir si existe otra vida después de la muerte. Fue entonces cuando uno de sus colegas le hizo asistir a sesiones espiritistas, donde recibió "mensajes" que le indicaban ya que había sido elegido para convertirse en sanador, en vista de lo cual siguió practicando sus facultades mediúmnicas con un reducido grupo de amigos.

Al principio, estas sesiones no tuvieron nada de particular. Chapman se sumía en un trance, y varias supuestas entidades o espíritus hablaban a través de él. Sin embargo, no ignoraba los problemas que pueden surgir al confundir trucos del subconsciente con una genuina capacidad como médium, y no dejaba de buscar una oportunidad para comprobar personalmente los hechos.

La oportunidad surgió cuando un cirujano llamado Lang empezó a "aparecer" durante sus sesiones. Con el tiempo, el cirujano facilitó una copiosa información sobre su vida y su muerte, suficiente para que Chapman localizara la pista de William Lang, que había ejercido su carrera en el Middlesex Hospital de Londres entre 1880 y 1914.

Esta identificación permitió a Chapman comprobar a fondo la autenticidad de la identidad de Lang con varias personas que lo conocieron durante su existencia terrenal. Miembros de la familia de Lang y varios de sus colegas médicos tuvieron sesiones regulares con Chapman, en el transcurso de las cuales hablaron con el difunto cirujano; todos ellos certificaron su identidad.

En 1947 Chapman conoció a la hija de Lang, Lyndon; con el tiempo llegaron a ser íntimos amigos, y se vieron regularmente hasta que Lyndon falleció en 1977. Ella no abrigaba la menor duda acerca de que, a través de Chapman, había estado en comunicación con su difunto padre: «Puedo asegurar que el William Lang que actúa a través del cuerpo de George Chapman es, sin la menor duda, mi padre.»

Susan Fairtlough, nieta de Lang, tuvo que convencerse de la supervivencia del cirujano, a pesar de su resistencia a admitir tal cosa. Viajó hasta Aylesbury para ver a Chapman, dispuesta a denunciarlo como embaucador, pero con gran horror por mi parte, o mejor dicho, estupefacción, el hombre que se encontraba en esa habitación era indiscutiblemente mi abuelo. No era él físicamente, pero era su voz... su comportamiento. Me habló y recordó hechos exactos de mi infancia. Y yo quedé tan impresionada que sólo sabía decir: «Sí, abuelo. No, abuelo.»

Cuantos han conocido personalmente a George Chapman, y a través de él han hablado con el doctor Lang, saben que existe una acusada diferencia entre el tono de la voz, el vocabulario y los tics verbales del Chapman real y los del Chapman controlado por Lang. Sin embargo, no hay que olvidar que se han dado casos de ciertas personas que han conseguido ofrecer intencionadamente o bajo hipnosis representaciones muy convincentes: algunos tipos de inestabilidad mental permiten que salga a la superficie otra personalidad. Lo único que cabe decir en este caso es que, o bien Chapman es un actor consumado, capaz de engañar incluso a quienes conocieron íntimamente a Lang, o el difunto cirujano realmente "se presenta".

Pero la cuestión de la identidad es sólo un aspecto del asunto. Por importante que pueda ser la prueba de la supervivencia, lo que hace que la gente afluya sin cesar a las diversas clínicas que dirige el doctor Lang es el éxito que éste ha obtenido al curar una amplia variedad de dolencias.

Chapman es un sanador en estado de trance, a través del cual el doctor Lang realiza lo que cabría denominar "operaciones de espíritu", algo por encima del cuerpo. El doctor Lang opera -según él mismo explica- sobre el cuerpo del espíritu, la esencia invisible de cada vida humana, que refleja mala salud en el cuerpo físico y a través de la cual éste puede ser influenciado. Trabaja con instrumentos invisibles, ayudado por un equipo invisible de cirujanos, entre ellos su hijo Basil, que en vida fue también médico.

Una descripción de lo que representa ser sometido a una operación del espíritu nos la ofrece Morton B. Jackson, abogado de Los Angeles (Estados Unidos), quien consultó al doctor Lang respecto a un tratamiento de espondilosis reumática que le aquejaba desde hacía diez años:

Me pidió que, en posición sentada y erguida, me inclinara levemente hacia adelante, y aplicó ligeramente sus dedos en varios puntos arriba y abajo de mi columna vertebral a través de la camisa; antes me había quitado la chaqueta... La naturaleza del tacto, aunque muy leve, parecía relacionada con el manejo y la utilización de instrumentos invisibles... Todo esto mientras nuestra conversación proseguía, aunque tendía más bien a ser unilateral, ya que mientras trabajaba el doctor Lang explicaba lo que estaba haciendo y por qué.

En este caso no hubo cura milagrosa, pero sí una cierta ayuda y menos dependencia respecto a la medicación. El doctor Lang jamás promete una curación, porque con esta terapia no puede haber resultado seguro. No obstante, de vez en cuando se producen notables recuperaciones después del tratamiento.

En 1974, Joseph Tanguy, joven dependiente de una tienda de París, fue sometido a una operación para explorar un tumor cerebral. Se diagnosticó que era maligno, y el paciente fue desahuciado. Sin embargo, el médico de Tanguy conocía la actividad del doctor Lang y aconsejó al joven que le consultara. Después de tres tratamientos a lo largo de varios meses, el tumor se redujo gradualmente, y las subsiguientes pruebas médicas demostraron que había desaparecido por completo.

Uno de los aspectos más inusuales de la tarea del doctor Lang es el hecho de verse apoyado por numerosos médicos, particularmente en Francia, algunos de los cuales le envían regularmente sus casos más difíciles. Varios médicos han certificado la exactitud de sus diagnósticos y la efectividad de su tratamiento. El doctor G., del sureste de Francia, dice:

Soy médico desde 1970, y tengo la gran satisfacción de conocer al doctor Lang desde 1975. Deposito en él mi entera confianza. El diagnóstico del doctor Lang no depende del interrogatorio del paciente: es un diagnóstico instantáneo. Antes incluso de que uno pueda decirle dónde le duele, él es capaz de enunciar cuál es el problema. Lo dice con precisión, con una exactitud sorprendente, y con detalles para cuyo conocimiento cualquier otro médico necesitaría radiografías y modernas pruebas de laboratorio.

En la obra Surgeon from another world (Cirujano de otro mundo), de George Chapman en colaboración con Roy Stemman, el doctor F., de Marsella, atestigua las curaciones que ha realizado Lang:

Desaparición en una sesión y curación de un tumor cerebral maligno en un niño de poca edad. En una sesión, un niño de siete años que había estado completamente paralizado desde su nacimiento empezó a andar a gatas. Desaparición del dolor en casos de artritis muy agudos y avanzados, especialmente coxartritis (que afecta a la cadera). Desaparición de cálculos de la vesícula biliar, etc.

Parece haber pocas dudas respecto a que Chapman ha sido aceptado como un médium bona fide de William Lang por aquellos que conocieron y amaron al médico en su existencia terrenal. Tampoco existe ninguna razón para dudar de la entrega por parte de Chapman. Éste trabaja prácticamente sin cesar, viajando entre Inglaterra, Europa y los Estados Unidos, con un equipo de secretarias para atender al incesante diluvio de correo y peticiones de visita.

Inevitablemente, ha sido el éxito en las curaciones lo que ha excitado la imaginación del público, pero la curación no es el único objetivo de la asociación entre George Chapman y el doctor Lang. Chapman está seguro de que la finalidad de la misma es algo más profundo que el alivio de dolores y sufrimientos, por grande que pueda ser el valor de éste. Como dice en Surgeon from another world: «El verdadero propósito del retorno de su espíritu [el del doctor Lang] no es solamente, y de ello estoy convencido, curar a las personas enfermas. Es tocar el alma y darnos una nueva y convincente percepción y comprensión de la realidad espiritual que nos rodea.»

Los que han conocido al doctor Lang y han sido tratados por él, poseen su propia experiencia para reflexionar al respecto. Otros que aún no la tienen cuentan con los tributos y testimonios de pacientes, ex colegas y familiares como materia de reflexión. A diferencia de tantos otros capítulos en la historia de los médiums, la prueba del retorno del doctor Lang resiste a mucho más que una simple investigación superficial.

martes, 23 de marzo de 2010

La Maldicion de tecumseh

El noveno presidente de USA se llamaba Harrison y nacio en Berkeley en 1773. Era hijo de Benjamin Harrison, uno de los firmantes de la Declaracion de Independencia. Le encantaba la sidra y odiaba las habas. Comenzo a estudiar medicina hasta que se canso del libro de Harrison. En 1791, se metio en la infanteria del Ejercito Regular y se dirigió al noroeste para matar indios y quitarles sus tierras. Llego a ser Asistente de campo del general "Mad Anthony" Wayne en la famosa batalla de Fallem Timbers, la cual abrio la mayor parte del territorio de Ohio para la conquista. Este general dio su nombre artistico al gran John Wayne, tambien muerto por una maldicion india como otros actores. Despues de dimitir del ejercito en 1798 se convirtio en delegado al congreso del Territorio del Noroeste. En 1801 se hizo gobernador del territorio de Indiana. En 1840 fue elegido Presidente de USA, el mas corto, porque solo duro un mes. Murio de una neumonia comunitaria sin relacion con gripe A, contraida durante la lectura de su discurso de posesion de 2 horas. Le cogio el frio por no llevar camiseta. Un nieto suyo tambien llegaria a ser presidente.
Cuenta una leyenda que el 5 de octubre de 1813 el ya general William Henry Harrison, le cortaba el cuello a un malvado indio llamado Tecumseh, que se habia unido a los ingleses en la guerra de 1812, para evitar que su pueblo fuera conducido a una sucia reserva.
Tecumseh no era un cualquiera, era el ultimo Shawnee. Una teoria dice que este grupo de tribus cruzo el estrecho de Bering en el siglo XII(12) desplazados de Asia por las hordas mongolas, cuando ya habia un monton de europeos veraneando en el continente americano, todavia sin asiento definitivo. Con Tecumseh moria la resistencia de los nativos a la ocupacion de sus territorios y nacia el mito. Mientras Harrison mataba a Tecumseh, éste lanzo la maldicion: "Todos los presidentes de Estados Unidos elegidos en año terminado en cero, moriran antes de terminar el mandato". Fue una suerte que su hermano, el tridorzuelo profeta Tenskwatawa estuviera por alli para oir la maldicion, aunque tardo mas de 30 años en hacerla publica por problemas de derechos de autor con la SGAE. Este pájaro tuerto era tremendo, se arranco un ojo a fin de poder ver el futuro.
La maldicion se conoce hoy como el "factor cero" y lo cierto es que repasando la historia de los presidentes llegados a la Casa Blanca en estas condiciones entre 1840 y 1960, siete en total, todos la palmaron en el mando. Con el tiempo, parece que la maldicion pierde fuelle.
Ronald Reagan, elegido en 1980 se salvo cuando una bala quedo a unos escasos tres centimetros de su corazon (o el indio no soplo lo bastante fuerte o el asesino estaba demasiado embriagado por la lectura del Guardian entre el Centeno). George W. Bush reelegido en 2000, no palmo atragantado con una galleta (a lo mejor si y fue sustituido por un doble, dónde encontrarian a uno tan inteligente como el original) y ademas esquivo un zapato con notable habilidad.
Las siete victimas del "factor cero" entre 1840 y 1960 cumplen haber sido elegidas en un año acabado en cero, el primer martes despues del primer domingo de noviembre, pasado el dia de "todo lo santo":
1) William Harrison (1840) fue la 1ª victima, muerto de neumonia a los 30 dias de su mandato. El ocaso del partido Whig.
2) Abe Lincoln (1860) fue la 2ª victima de la maldicion y 1º en morir asesinado. Sic Semper Tirannus...
3) James Gardfield (1860) fue el 3º, muerto de un disparo a los tres meses de su investidura.
4) William McKinley (1900) fue la 4ª víctima de la maldicion. Murio de dos tiros a los seis meses de su segunda investidura. Para que aprenda a hundir barcos y no-declarar guerras a España.
5) Harding (1920) fue la 5ª víctima. Oficialmente palmó de un paro cardiaco. Pero todos sabemos que lo envenenó su mujer que sufria un ataque de cuernos. Sus últimas palabras fueron "la madre que parió al indio".
6) F. Delano Roosvelt (1940) fue la 6ª victima elegida en un año terminado en cero. Cuando se enteró, el tio Adie abrió una botella de cava en la Guarida del Lobo y brindó a la salud del indio.
7) J.F.K. (1960) fue el 7º muerto y 5º asesinado, presumiblemente por la bala de un tal Oswald, que en lugar de una carabina italiana del siglo XIX, debía tener una metralleta, por lo rápido que disparaba.

lunes, 22 de marzo de 2010

Muertes muy extrañas

Hombre desnudo muere sofocado por un condón



Gary Ashbrook fue hallado en su cama junto a tres latas vacías de óxido nitroso. El jugador de 31 años de edad, había estado experimentando con la droga, también conocido como gas de la risa, según dijo su compañero de habitación.

Mujer muere aplastada por el anuncio de un restaurante en Nebraska


Los fuertes vientos derribaron el anuncio del restaurante de comida rápida Taco Bell y cayó sobre la mujer de nombre Diane Durre, de 49 años de edad, quien murió instantáneamente. La víctima estaba acompañada de su pareja en el momento del accidente.

Cabello de operador se atora en montaña rusa de Seattle y muere


Doug McKey, de 40 años, el operador de un parque de diversiones perdió la vida en el 2003 cuando su pelo y uno de sus brazos quedaron atrapados en un coche de la montaña rusa que dirigía.

Equipo de fútbol muere tras ser golpeado por un rayo durante partido


Los 11 miembros del equipo perdieron la vida por un rayo cuando se disputaban un partido con otro equipo que resultó ileso, en la República del Congo. Se dijo que no estaba de más pensar en que alguien maldijo al conjunto deportivo.

Muere trabajador al caer a una tina de chocolate caliente en Nueva Jersey


Vincent Smith Jr, de 29 años, se resbaló desde una plataforma de 8 pies cuando laboraba en una fábrica de chocolate en Nueva Jersey.

Muere paciente al volcar su camilla en ambulancia en Pennsylvania

Un hombre de 76 años perdió la vida luego que la camilla de ambulancia en la que era transportado a una cita se dañara y volcara. Edward Juchniewicz, de Canonsburg, se dirigía de un hogar de ancianos a la oficina del médico.

Stripper italiana muere sofocada dentro de un pastel



Gina Lalapola fue hallada muerta dentro de una tarta que se suponía era la sorpresa en una despedida de soltero, en Cosenza, en el año de 1995.

Abogado trata de demostrar seguridad de cristal y muere


Garry Hoy, abogado del bufete de abogados de Holden Day Wilson en Toronto, es conocido por las circunstancias de su muerte. En un intento por demostrar que un cristal era inquebrantable, se lanzó a través de una pared y cayó a muerte.

Una chica muere después de ser golpeada por un disco de hockey en Ohio


Brittanie Nichole Cecil murió de las heridas sufridas cuando un disco se desvió hacia las gradas y la golpeó en la cabeza, en el Nationwide Arena de Columbus, el 16 de marzo de 2002.

Un hombre muere aplastado por una mujer suicida en Barcelona



La mujer brincó desde la ventana de un octavo piso y cayó encima del transeúnte de unos 50 años, que caminaba por las calles de Viladecans, cerca de Barcelona. La suicida murió al momento y el hombre, de origen ucraniano, falleció poco después en el hospital.

Abejas matan a un hombre durante cremación de esposa



Jaam Singh Girdhan Barela, de 50 años, murió tras las picaduras de un enjambre de abejas cuando era cremado el cuerpo de su esposa en un pueblo de Madhya Pradesh, en la India.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Niños en una escuela de África ven aterrizaje de un OVNI y a su ocupante

El 14 de septiembre de 1994, un OVNI cruzó los cielos de Sudáfrica. Dos días después, algo aterrizó en el patio de una escuela en Ruwa, Zimbabue, junto con otras 3 o 4 cosas de acuerdo a la periodista Cynthia Hind. Esto fue presenciado por 62 niños, quienes tenían poca o ninguna exposición a la TV o a lo que los medios cuentan sobre el fenómeno OVNI. Cynthia Hind los entrevistó el día después del encuentro cercano y los hizo dibujar lo que vieron.


El viernes 16 de septiembre, a aproximadamente las 10:15, 62 niños de la Escuela Ariel, un colegio privado de educación primaria en Ruwa (cerca de 20 Km desde Harare) estaban jugando en el patio durante el recreo de mitad de mañana. De repente, los chicos vieron 3 bolas plateadas en el cielo sobre la escuela. Las mismas desaparecieron emitiendo un destello de luz y luego reaparecieron en otro lado. Esto sucedió tres veces y luego comenzaron a moverse hacia abajo rumbo a la escuela, llegando una de ellas a aterrizar (o flotar) sobre una sección de pasto cortado con algunos tocones de bambú, arbustos y árboles, que se encuentra lindera al patio. A pesar de no haber vallado alguno entre ambas zonas, a los niños no se les tiene permitido ir a esa parte porque puede haber serpientes, arañas o algun que otro animal peligroso. Además es fácil desaparecer de vista caminando ahí, habiendo solo un agreste camino usado por tractores en un intento de limpiar el área.

Existe una línea de postes de electricidad y, de acuerdo a uno de los chicos, el objeto siguió esa línea antes de aterrizar. Hay una controversia en cuanto a si el objeto aterrizó en el suelo o flotó sobre éste. El martes 20 de septiembre, salí de la escuela junto con mi hijo. Me acompañaba también un reportero de la BBC junto con su equipo, y Gunter Hofer, un jovencito que construye sus propios aparatos eléctricos, a saber: un detector de metales y un magnetómetro, para tratar de detectar si el objeto había dejado alguna marca.

El director de la escuela es el Sr. Colin Mackie, quien fue muy cooperativo, y a pesar de nunca haber estado involucrado o saber algo sobre OVNIs, dijo que creía fehacientemente en lo que los niños dijeron haber visto.

Llegué a entrevistar alrededor de 10 o 12 chicos, lo cual fue grabado por la televisión de la BBC.


Un testigo, Barry D., dijo que había visto 3 objetos volando y emitiendo destellos rojos, los cuales desaparecían y reaparecían casi al mismo tiempo, pero en otro lugar. Esto sucedió como tres veces. Luego los objetos aterrizaron cerca de unos árboles de caucho. Barry dijo que el objeto principal era del tamaño de la uña de su pulgar al apuntar con el brazo hacia donde estaba la nave desde una distancia de aproximadamente 100 metros, en el borde del patio de la escuela. Luego un humanoide pequeño (de cerca de 1 metro de estatura) apareció en la parte superior del objeto. Caminó un poco en el terreno, se dio cuenta que estaba siendo observado por los niños y desapareció. El mismo ser o alguien muy parecido a él, reapareció después en la parte trasera del objeto. La nave despegó rápidamente y desapareció. El pequeño humanoide estaba vestido con un traje negro bien ajustado al cuerpo, que era “brillante” de acuerdo a una de las niñas (de 11 años) que presenciaron el hecho. El ser tenía un cuello muy delgado y grandes ojos en forma de balón de rugby. Su rostro era pálido y tenía largos cabellos negros que le llegaban hasta debajo de los hombros.

Le sugerí al Sr. Mackie antes de visitar la escuela y entrevistar a los chicos, que dejara a los niños dibujar lo que habían visto, logrando así entre 30 y 40 dibujos, algunos de los cuales son bastante explícitos y claros. La edad de los niños varía de 5/6 a 12 años. Tengo 22 fotocopias de los dibujos más claros, los cuales elegí de las imágenes que gentilmente me consiguió el Sr. Mackie. La mayoría de las descripciones son similares, pero algunas de las naves dibujadas son claramente “platillos voladores”, y por ende me pregunto cuántos de estos niños tuvieron acceso a los medios de comunicación. Otras son bastante rudimentarias pero coinciden más o menos con la forma de platillo.


Los chicos pertenecen a diversas etnias y culturas: negros, blancos, de color y asiáticos. Una pequeña niña me dijo: “Juro por cada cabello en mi cabeza y la Biblia entera que estoy diciendo la verdad”. Pude ver la satisfacción en su rostro cuando le respondí que le creía. Los niños más pequeños de entre 5 y 7 años se asustaron con lo que pasaba y corrieron gritando “Socorro!”. A los más grandes les pregunté por qué había pasado eso con los de menor edad, la respuesta fue: “Porque él vino a comernos”. Pienso que esto probablemente se aplica más a los niños negros africanos quienes tienen leyendas que hablan de “Tokoloshies” come-niños.


Sus profesores estaban en una reunión y no salieron afuera. Cuando le pregunté al director acerca de esto, dijo que los niños siempre gritaban y hacían ruido durante el recreo y nadie pensó que algo raro estuviera pasando. El único otro adulto disponible en ese momento era una de las madres, quien estaba atendiendo la tienda de golosinas. Cuando los niños fueron a buscarla, ella no les creyó y no salió afuera: no estaba preparada para dejar sola la tienda con toda la comida y el dinero.

Gunter y los hombres examinaron minuciosamente el campo donde los niños habían visto el objeto, pero no obtuvieron reacción alguna con el contador geiger y demás equipo. Si el objeto estaba realmente flotando probablemente no habría rastros.

Yo camine por cuenta propia a lo largo de la línea de postes de electricidad, por entre los arbustos, pisoteé sin cuidado los hoyos de serpientes descartando cualquier advertencia. No hallé lugar alguno donde el objeto pudo haber aterrizado y presionado el follaje del terreno. De hecho, pienso que los tocones de bambú pudieron actuar como algo disuasorio. El día era cálido, cerca de 33ºC (91F)

El Dr. John Mack visitó Zimbabue cuando sucedió este caso y pasó dos días en la Escuela Ariel con los chicos. También habló con el director, Colin Mackie, los profesores y algunos de los padres. John junto con el investigador Dominique Callimanopulos, fueron capaces de llegar a los padres y profesores para convencerlos de que incluso si no le creían a los niños, era contraproducente el acusarlos de mentir. “Escuchen y piensen acerca de lo que ellos dicen”, les aconsejó. El particular interés de John Mack en la psiquiatría infantil fue de gran ayuda durante los interrogatorios y sirvió para dilucidar la veracidad de este caso.

martes, 16 de marzo de 2010

Enriqueta Martí - La vampira de Carrer Ponent

Enriqueta Martí sembró de horror la Barcelona de 1912. Secuestraba, prostituía y asesinaba a niños para extraerles la sangre, las grasas y el tuétano de los huesos y elaborar pócimas que sus clientes consideraban mágicas. El relato de las dos niñas que liberó la policía fue recogido por la prensa de la época con buena dosis de morbo.
Tras el delicado nombre de Enriqueta Martí se esconde una de las personalidades criminales más feroces de la historia negra de España. Secuestradora, prostituta, alcahueta, falsificadora, corruptora de menores, pederasta, bruja y asesina son algunas de las actividades que ejerció durante su vida esa mujer a la que el pueblo de Barcelona bautizó como "la Vampira del Carrer Ponent".
Y todo empezó de una forma bien simple, con un desmentido oficial que trataba de negar la realidad, algo que ha venido sucediendo siempre a lo largo de la historia. El gobernador civil, nada menos que Portela Valladares, trataba de convencer a todos de que era "completamente falso el rumor que se está extendiendo por Barcelona acerca de la desaparición durante los últimos meses de niños y niñas de corta edad que según las habladurías populacheras habrían sido secuestrados…".
Pero el rumor, ese runrún que se extendía por calles y plazas, mercados y patios de vecinos, era completamente cierto. Eran muchos los niños que a diario desaparecían en las grandes ciudades durante aquellos años y los padres, para amedrentar a sus hijos, para hacerlos más precavidos, les contaban tétricos relatos sobre "el hombre del saco".
Por aquellos días de febrero de 1912, apenas tres años después de la Semana Trágica, la mayor parte de ciudadanos de Barcelona andaban preocupados por la desaparición de una niña de cinco años llamada Teresita Guitart sobre cuyos detalles y circunstancias se estaba extendiendo ampliamente la prensa.

Había ocurrido a la caída de la tarde del 10 de febrero en la calle de San Vicente. Ya era casi de noche cuando Ana, la madre de Teresita, se había detenido a la puerta de su domicilio a charlar con una vecina y le soltó la mano a la pequeña en la creencia de que subiría sola hasta el piso. Pero no fue así. Cuando el marido vio llegar a su esposa sin Teresita, preguntó extrañado: "¿Y la nena?". La buena mujer lanzó un grito y bajó corriendo a la calle, pero ya era demasiado tarde, no había rastro de la niña.
Lo que había ocurrido era que Teresita, en lugar de subir a su casa, se alejó un poco, curioseando, y de repente sintió que una mano cogía la suya y que una mujer extraña le decía con acento mimoso: "Ven, bonita, ven, que tengo dulces para ti". La pequeña, ilusionada, se dejó llevar un trecho, pero, al ver que se alejaba demasiado de donde estaba su madre, soltó su manita y trató de regresar. Demasiado tarde. La desconocida desplegó un trapo negro con el que cubrió por completo a la niña, la agarró en brazos para ahogar sus sollozos y protestas, y se perdió con su presa en las sombras de la noche.
Y Barcelona vivió más de dos semanas con el corazón en un puño pensando en la suerte que habría podido correr la infeliz Teresita Guitart. Todos los esfuerzos policiales resultaron, como casi siempre, nulos. Sería una vecina fisgona, una chafardera, la que descubriría el paradero de la niña desaparecida.
Se llamaba Claudina Elías, y un buen día se fijó en la carita de una niña que la miraba a través de los sucios cristales de un ventanuco y le pareció que su expresión era implorante. Era la casa de la vecina del entresuelo, en la que vivía con un niño y una niña, pero el deplorable rostro de aquella criatura de cabeza rapada no le resultaba familiar. "Mira que si se tratara de la desaparecida Teresita". Se lo comentó al colchonero que tenía la tienda en la misma calle de Poniente (hoy Joaquín Costa) y éste se lo hizo saber al municipal José Asens, quien se lo comunicó a su jefe, el brigada Ribot.
Y fue éste el que a primera hora de la mañana del 27 de febrero de 1912 llamó a la puerta del entresuelo 1ª del número 29 de la calle de Poniente. Le abrió una mujer que acababa de despertarse.
-Buenos días. Vengo a inspeccionar su domicilio, pues hemos tenido una denuncia de que tiene usted gallinas.
-¿Gallinas? ¿A quién se le ocurre? Eso es mentira.
-Si me permite…
Y el brigada Ribot penetró en el piso descubriendo al fondo del pasillo a dos niñas de corta edad. La dueña de la casa reaccionó y le dijo que sin una orden del juez no podía pasar. Pero era tarde. Ribot se acercó a la pequeña, que tenía la cabeza rapada.-¿Cómo te llamas, guapa?
-Felicidad
-¿No te llamas Teresita?

La niña vaciló y acabó diciendo: "Aquí me llaman Felicidad". Ribot preguntó a la mujer quién era aquella niña y ella respondió que no lo sabía, que se la había encontrado en la Ronda de San Pablo el día anterior y le había dicho que estaba perdida y que tenía hambre y ella se la había llevado a casa. "La otra es mi hija y se llama Angelita", añadió. No había ningún rastro del niño que la vecina decía haber visto en repetidas ocasiones.

Una vez en la Jefatura de Policía, que entonces estaba en la calle de Sepúlveda y cuyo máximo responsable era José Millán Astray, la secuestradora fue identificada como Enriqueta Martí Ripollés, de 43 años y con antecedentes… por corrupción de menores.
Había sido detenida en 1909 en su domicilio de la calle de Minerva, donde descubrieron que tenía un prostíbulo de menores de ambos sexos y de edades que iban desde los cinco hasta los 16 años. Con ella había sido detenido un cliente joven que resultó ser hijo de familia distinguida. Enriqueta fue procesada, pero la causa se perdió en los archivos gracias a las influencias ejercidas por una persona muy conocida y muy poderosa de la ciudad.
La vida de Enriqueta Martí estuvo siempre muy relacionada con la prostitución. Ella misma comenzó a ejercerla antes de cumplir 20 años, el día en que se dio cuenta de que siendo criada no se llegaba a ninguna parte. Fornicó en los lupanares de más baja estofa de la zona vieja y marinera de la Puerta de Santa Madrona hasta que un día decidió probar fortuna casándose con un pintor incomprendido y fracasado, Juan Pujaló, un pobre tipo que se alimentaba de alpiste, como los pájaros, porque lo había aprendido en un manual de naturismo. Diez años duró la relación, aunque hasta seis veces se separaron en este periodo. La última y definitiva había sido cinco años antes.
Por eso la policía pudo descubrir que Angelita no era hija de Enriqueta porque así lo declaró el infeliz de Pujaló, que explicó que el fracaso de su matrimonio se debía a que "Enriqueta es muy aficionada a los hombres y acostumbra a frecuentar ciertas casas que a mí no me gustan". Posteriormente, los médicos comprobaron que efectivamente Enriqueta nunca había dado a luz.
¿Quién era, pues, Angelita y dónde estaba el niño que vivía con ella en la calle de Poniente? Enriqueta no fue nada explícita en sus declaraciones y siguió manteniendo que la niña era suya aunque semanas después reconocería que se la había quitado nada más nacer a una cuñada a la que hizo creer que lo había perdido en el parto. En cuanto al niño, explicó que se llamaba Pepito, que tenía cinco años y que se lo habían dejado para que lo cuidara. "Pero como se puso malito lo llevé fuera de Barcelona para que se cure".
Poco a poco, a base de testigos que se presentaban espontáneamente a declarar, pudo irse trazando la personalidad de la secuestradora. A pesar de que no tenía problemas económicos, solía mendigar y acudía, vestida como una pordiosera y acompañada casi siempre de un niño o una niña, a centros de acogida, conventos, parroquias y asilos pidiendo limosna y comida.
Ésta era su ocupación por las mañanas, pero a media tarde salía de su casa elegantemente vestida con sedas y terciopelos y tocada la cabeza con pelucas y sombreros. ¿Qué lugares frecuentaba? ¿A quién visitaba?

Las declaraciones de las dos niñas, fundamentalmente la de Angelita, vinieron a demostrar que Enriqueta Martí era mucho más que una alcahueta secuestradora y corruptora de niños. Teresita contó al juez que aquella mujer, nada más llegar al piso, le dijo: "¿Verdad que sientes picor en la cabeza? Anda, hija mía, déjate cortar el pelito y te pondrás buena".
La niña se dejó hacer mientras la mujer le decía que a partir de ahora se iba a llamar Felicidad y que ya no tenía padres y que ella era su madre y que tenía que llamarla "mamá" cuando salieran a la calle. Pero nunca salió a la calle ni le estaba permitido asomarse al balcón o a las ventanas. Le daba mal de comer -patatas y pan duro-; no le pegaba, pero solía darle fuertes pellizcos.
Su única distracción era jugar con Angelita, porque ella no llegó nunca a ver a Pepito en la casa. A veces se quedaban las dos solas y era cuando tenían más miedo y todos los ruidos las asustaban. Pero un día Angelita le dijo: "Vamos a ver qué tiene mamá en los sitios donde no nos deja entrar". Y entrelazando sus manitas penetraron casi a oscuras en las habitaciones prohibidas. Teresita tropezó con algo que resultó ser un saco. Lo abrieron y, al descubrir su contenido, lanzaron un grito de horror: había un cuchillo grande y unas ropas de niño manchadas de sangre.
La declaración de Angelita fue aún más sobrecogedora. Ella sí conoció a Pepito, un niño rubio de su misma edad con el que solía jugar hasta que un día… "Mamá no se dio cuenta de que yo la vi cómo cogía a Pepito, lo ponía sobre la mesa del comedor y lo mataba con un cuchillo. Yo me fui a mi cama y me hice la dormida".

Tanto impresionaron al pueblo de Barcelona las declaraciones de las dos pequeñas que se abrieron suscripciones populares para abrirles una libreta de la Caja de Ahorros y hasta fueron presentadas en público. En el teatro Tívoli, por ejemplo, se celebró una función en su honor y en los carteles se decía: "Teresita y Angelita asistirán a la representación desde un palco".
Pero lo más tremendo todavía estaba por llegar. Fue a raíz del registro que se produjo en el entresuelo de la calle de Poniente. Los del juzgado se quedaron atónitos cuando entre aquellas habitaciones sórdidas y malolientes descubrieron un suntuoso salón amueblado con gusto exquisito. El mobiliario, las lámparas, el cortinaje, las butacas y los sofás debían de haber costado una fortuna.
En un armario colgaban dos trajecitos de niño y otros dos de niña; había medias de seda y zapatitos a juego con los trajes. Y también fueron encontrados las pelucas rizadas y los finos trajes de confección que Enriqueta vestía en sus misteriosas salidas.
Un paquete de cartas llamó la atención de los funcionarios. La mayoría estaban escritas en lenguaje cifrado, y abundaban en ellas las contraseñas y las firmas con iniciales. Apareció también una lista, una relación de nombres, que daría mucho que hablar a la opinión pública.
En la cocina encontraron el saco del que habían hablado las dos niñas y, efectivamente, contenía un trajecito de niño y un cuchillo ensangrentados. En otra habitación descubrieron un saco de lona, aparentemente lleno de ropa sucia y vieja, pero en cuyo fondo había huesos de reducido tamaño que posteriormente se confirmaría que eran de criaturas infantiles.
Hasta 30 se contaron entre costillas, clavículas, rótulas… Todos ellos presentaban la particularidad de que tenían señales de haber sido expuestos al fuego, lo que, según los médicos, excluía que pudieran servir para estudios anatómicos y hacía suponer que más bien los pobres niños habían sido sacrificados para extraer grasa de sus cuerpecitos. Esta afirmación era en respuesta a la explicación que días más tarde daría Enriqueta justificando que tenía recogidos aquellos huesos para estudios de anatomía.
Tras un armario descubrieron la cabellera rubia de una niña de unos tres años, y la macabra expedición concluyó en una habitación cuya cerradura tuvieron que forzar y en la que aparecieron medio centenar de frascos, rellenos, unos, de sangre coagulada; otros, de grasas, y el resto, con sustancias que fueron enviadas a un laboratorio para su análisis.
Junto a las pócimas había un libro antiquísimo con tapas de pergamino que contenía fórmulas extrañas y misteriosas. Y también un cuaderno grande lleno de recetas de curandero para toda clase de enfermedades, escritas a mano, en catalán y con letra refinada.
A partir de aquel descubrimiento no se hablaba de otra cosa en la ciudad más que de Enriqueta Martí, y los principales periódicos nacionales, que por entonces se componían de unas 16 páginas, le dedicaban a diario un par de ellas para contar, como si fuera un folletín, las novedades del caso bajo titulares como: "Los misterios de Barcelona".
Entre los testimonios de personas que trataron a Enriqueta o sufrieron sus actividades se contaban historias tan dramáticas como la de una mujer de Alcañiz que acababa de llegar a Barcelona a buscar trabajo con un bebé en brazos. La buena mujer se sintió desfallecer y se sentó en el umbral de una casa. Una desconocida, de tono amable, se le acercó; era Enriqueta. -¡Qué nena tan bonita!, ¿quiere que le dé un rato el pecho?
-A mi hija nadie le da el pecho más que yo -respondió la baturra.
-Pues a mí me gustaría dárselo. Me parece que lo que usted tiene es hambre. Vamos a esa lechería, que le pago un vaso de leche. ¡Pobre mujer! Traiga, que ya le llevaré yo a la niña.
Y la mujer, que estaba desfallecida de hambre, siguió a la desconocida y entró con ella en la lechería. Enriqueta pidió un vaso de leche y exclamó de repente:
-Pero le sentará mejor con pan. Espere, que ahora mismo lo traigo.
Salió con el bebé en brazos y nunca regresó. Seis años tuvieron que pasar hasta que la desgraciada mujer de Alcañiz volviera a ver frente a ella, para identificarla, a la que le había robado a su hijo y sabe Dios lo que habría hecho con él.
Ante las abrumadoras pruebas, Enriqueta acabó reconociendo que era curandera y que vendía filtros y ungüentos. "Confecciono remedios utilizando determinadas partes del cuerpo humano". Y, de forma repentina, vociferó: "¡Que registren el piso! ¡Que piquen bien las paredes y encontrarán algo! Como sé que me subirán al patíbulo, quiero que conmigo suban los demás culpables".
No tan sólo el piso de la calle de Poniente fue registrado a fondo, sino también los otros domicilios que Enriqueta había tenido durante los diez últimos años. Y el resultado fue aterrador: en un piso de la calle de Picalqués fue descubierto un falso tabique que ocultaba un hueco en el que aparecieron más huesos, entre ellos varios de manos de niño. Dice la crónica que "con los huesos fue encontrado un calcetín de niño que debió de pertenecer a un hijo de familia muy humilde, porque está zurcido y añadido desde su mitad con hilo de otro color".

En un piso de la calle de Tallers, en un escondrijo, hallaron huesos y dos cabelleras rubias de niñas de corta edad. En una torre de Sant Feliu de Llobregat aparecieron libros de recetas y nuevos frascos con sustancias desconocidas. Y finalmente, en el patio de una casa de la calle de los Jocs Florals de Sants descubrieron el cráneo de un niño de unos tres años, que todavía presentaba adheridos a la piel algunos cabellos y una serie de huesos que los forenses reconocieron como pertenecientes a tres niños de tres, seis y ocho años.
Diez fueron las criaturas identificadas como víctimas de Enriqueta que se incluyeron en el sumario. Los periódicos escribieron frases como: "Esos huesos hablan de crímenes bárbaros, y esos emplastos y esas curas, de supercherías medievales". Y Millán Astray, jefe superior de policía, definió a la Martí como "una neurótica que se creía curandera, un caso de bruja antigua que hubiera sido quemada en Zocodover".

No cabe duda de que la Martí utilizaba a los niños que secuestraba en una explotación doble: como objetos de placer para sus degenerados clientes y como materia prima para elaborar sus potingues. Llegó a especularse, y así lo recogen el escritor Núñez de Prado y el abogado leonés Jesús Callejo, que el origen de las actividades como hechicera de Enriqueta podría estar en que "en una de esas orgías pederásticas, uno de los niños perdió la vida y a partir de aquel momento decidió extraerles la sangre y no desperdiciar ni siquiera el tuétano y los huesos de sus víctimas".
En aquella época, la tuberculosis hacía estragos, y estaba muy extendida la creencia de que el mejor remedio para detenerla era beber sangre humana y aplicarse sobre el pecho cataplasmas de grasas infantiles. Tan sólo dos años antes, un suceso había alarmado a España entera: el crimen de Gádor, en el que un curandero, Francisco Leona, había sacrificado a un niño de siete años, Bernardo González, para que el rico propietario Francisco Ortega curara la tisis que padecía bebiendo la sangre de la criatura y aplicándose sus "mantecas" sobre el pecho.
A nadie escapaba que tras los aberrantes crímenes de Enriqueta Martí tenía que haber personas con suficientes recursos económicos para satisfacer sus pervertidas necesidades. Y es en ese punto donde aparece la famosa lista de nombres hallada en el tugurio de la calle de Poniente, una lista de la que todo el mundo hablaba pero nadie conocía, una relación de nombres y domicilios en la que, se rumoreaba, figuraban médicos, abogados, comerciantes, algún escritor, políticos y otras personalidades.
La indignación y la furia comenzaron a apoderarse del pueblo de Barcelona, y la prensa más conservadora corrió a calmar los ánimos para evitar males mayores. Así, Abc llegó a decir que "los nombres y domicilios contenidos en esta lista son de gentes conocidas por su amor a la caridad, gentes que fueron víctimas de las socaliñas (que significa 'engaños') de la hechicera, que las conocía por haber acudido a sus casas a pedir limosna".

Para evitar el suicidio de Enriqueta se tomaron todo tipo de precauciones. "La cama de la Martí está colocada frente por frente a las de sus tres compañeras de reclusión para que éstas no la pierdan de vista, cualquiera que sea la posición que aquélla adopte para dormir, y tienen orden de destaparle la cara si ven que se cubre la cabeza con las ropas de la cama para evitar que con sus dientes se seccione una vena de la muñeca".
Sin embargo, el interés por el tema comenzó a decaer al no producirse nuevos descubrimientos macabros y entrar toda la investigación en una fase rutinaria y farragosa. El periodista Luis Antón del Olmet concluía así la larga y espléndida serie de reportajes que dedicó al caso: "Estamos ante una de las criminales más tremendas y crueles de las que se tienen noticia. Movida por un fanatismo vesánico, ha ido matando niños durante diez años para sacarles las grasas y fabricar ungüentos. Es un caso inaudito, monstruoso, del que se hablará muchos años con estupor. Enriqueta Martí ha de tener leyenda, pero ¿será cosa de seguir glosando indefinidamente este suceso?".

Y para rematar la pérdida de interés por el tema, a mediados de abril, un transatlántico se hundió tras chocar con un iceberg. Se llamaba Titanic y las noticias sobre aquel desastre apartaron definitivamente de las rotativas a la Vampira del Carrer Ponent.
Meses después se supo que Enriqueta Martí había fallecido en el patio de la cárcel linchada por sus compañeras presas. Se especuló que antes de ser golpeada ya estaba muerta, envenenada por encargo de alguien interesado en su desaparición. Nada se pudo probar. Lo único cierto es que nunca llegó a celebrarse el juicio, que aquellas personas que figuraban en la lista, "tan amantes de la caridad", se acostaron aquel día más tranquilas y que Enriqueta Martí Ripollés se convirtió en leyenda.

lunes, 15 de marzo de 2010

Mujer aborta un feto alien en Italia (Videos)

Una Mujer llamada Giovanna, tuvo un encuentro con lo desconocido cuando supo que su bebe poseía rasgos reptilicos, justo como los de los Reptilianos. Su historia es que fue abduccida y violada por un extraterrestre con las características anteriormente mencionadas y luego preñada.
Cuando lo aborto Oh sorpresa! que feto mas extraño. Lo único parecido que se me ocurre es la Ictiosis Arlequin, pero incluso esa enfermedad se ve menos escabrosa ante este híbrido reptil-humano.




domingo, 14 de marzo de 2010

Alex y su escalofriante adiccion por mutilarce la extremidades

Alex parece un hombre normal, pero hace unos 10 años sufrió un accidente automovilístico, por el que tuvieron que cortarle una pierna. La historia hubiera quedado ahí, con Alex continuando con su vida, aunque con limitaciones.

Lo escalofriante comenzó cuando este hombre se dio cuenta que disfrutaba su nueva condición. Se sentía mucho mejor con una pierna menos que cuando tenía las dos. Decía que le gustan los problemas asociados con el movimiento, y el deseo incontenible de mantenerse de rodillas sobre sus prótesis.

Luego de un tiempo, no aguantó las ganas de someterse a una cirugía para la amputación de la pierna que aún le quedaba. Pero no se sintió contento, por lo que buscó un médico para reducirlo aún más. Esta locura no terminó con eso, sino que comenzó a buscar un especialista para que también le cortara el brazo.

En vista de que, esta vez, ningún médico se atrevió a cortar el miembro sano de Alex, este loco (por no decir otra cosa) congeló su mano en hielo seco, se inyectó algunas sustancias para amortiguar el dolor, y se cortó parte del brazo con un cuchillo de cocina.

Como si esto fuera poco, el caso de Alex no es el único en el mundo, ya que se sabe que hay personas que hacen estas prácticas horrendas; inclusive personas con estos “gustos” hacen reuniones para enseñar a otros cómo mutilarse.

Mientras hay algunos que nos dejan asombrados por las ganas de vivir, como el caso de Nick Vujicic, otros se cortan el cuerpo a pedazos.

Si la historia fuera verdadera, entonces este tipo es un completo demente, que lo único que tiene de inválido es el cerebro!. Miren la secuencia completa de las imágenes, y se darán cuenta en qué estado se encuentra actualmente… quizás su demencia termine cuando se decida cortarse el cuello.









viernes, 12 de marzo de 2010

Combustiones humanas espontáneas. ¿Estamos todos expuestos?

El mundo del misterio es tan amplio, variado y sorprendente que de no ser por el frío documento que generalmente da fe de los hechos, es comprensible que en determinadas ocasiones los sucesos sean considerados argumentos más propios de una novela de ficción que de casos reales…


5 de diciembre de 1966. Coudersport, Pennsylvania. El doctor Irving Bentley era respetado por su vecindad. Hombre de pocas palabras, rictus serio y conversación amena, gozaba del privilegio de contar con muchos y buenos amigos. Nadie hubiera deseado daño alguno para el viejo médico. Al menos nadie conocido…
La calle bullía de vida. El Sol derretía levemente los finos copos de nieve caídos durante la madrugada. Eran tiempos de bonanza económica, una circunstancia que agradecían los comerciantes de la pequeña localidad, que veían entusiasmados como sus establecimientos se llenaban de posibles compradores. No en vano la Navidad estaba cercana, y los adornos multicolores, abetos y regalos desaparecían de las tiendas a un ritmo inusual.
Don Gosnell aceleró el paso. El joven había ingresado meses atrás en la compañía de gas de la ciudad y deseaba causar una buena impresión a sus superiores. Además, si finalizaba la tarea con rapidez aún tendría tiempo para realizar alguna compra que otra.
“Maldita sea, como pesa la condenada”. La bolsa que permanecía asida a su hombro comenzaba a causarle demasiadas molestias. Dichas eventualidades se disiparon al torcer la esquina. Allí estaba la vieja y enorme casa de piedra, una construcción victoriana de finales del XIX, y a la postre su última visita del día: el hogar del doctor Bentley. Lentamente cogió el pomo de la puerta, empujándolo con fuerza. Un sonido seco recorrió el interior del inmueble, suficientemente fuerte como para que su cliente se diera por aludido. Nadie contestó. Gosnell comenzó a impacientarse. “No hay que dejarse llevar por los nervios”, pensó a la vez que el llamador de plomo golpeaba la superficie de madera. De nuevo no hubo respuesta. En un arrebato de ira, el muchacho desplazó la puerta hacia el interior, mostrando la oscuridad sombría que reinaba en el salón recibidor. “Por Dios, que peste”. Un olor nauseabundo escapó al exterior. El miedo se apoderó del muchacho. La fina capa de humo azulado que invadía el ambiente agudizó los sentidos de éste, temeroso de que se hubiera producido un escape.
Sin embargo el desagradable hedor nada tenía que ver con el gas. Tras recorrer las diferentes estancias de la casa llegó al dormitorio del doctor. “Señor Bentley, ¿está usted ahí?”. El silencio, entrecortado por el tañer de las campanas de la iglesia cercana, más parecía una advertencia de que no continuara indagando. En la habitación la neblina se espesaba más que en cualquier otro lugar. Con cautela anduvo despacio y penetró en el cuarto de baño. El suelo estaba abierto. Las tuberías habían quedado al descubierto tras ser atacadas por un agresivo incendio. Que extraño; el foco del mismo no se adivinaba por ningún lado. ¿Qué había provocado las llamas? La respuesta no tardó en llegar. En un rincón, casi imperceptible a los ojos del recién llegado, había un montón de cenizas, y junto a éstas, una pierna maltrecha del médico. Inexplicablemente sucumbió ante un fuego que únicamente se cebó con su cuerpo, dejando como fiel testimonio de la catástrofe el miembro chamuscado del anciano, una horrible visión que Gosnell jamás pudo olvidar…


CHE, el castigo divino

Castigo divino, enfermedad desconocida o simplemente maldición, de la combustión humana espontánea únicamente se tiene la certeza de que se produce cuándo quiere, pillando desprevenidos a todos los que de un modo u otro son testigos directos del suceso. La situación es como sigue: una persona, como ustedes o como yo, repentinamente comienza a sentir que algo no funciona. En ese momento se produce la combustión del cuerpo, algo similar a una llama de origen desconocido que aparentemente nace en el interior de la víctima, acabando en cuestión de segundos con el infortunado.
¿Es selectivo el fenómeno, o tan sólo “ataca” a personas que poseen determinadas características que los hacen ser propensos a ello? A mediados del siglo XIX, dado que la medicina ortodoxa no aceptaba supersticiones de esta índole, en cierta medida atosigada por una Iglesia que desde la noche de los tiempos ha cuestionado y poco menos que satanizado este tipo de sucesos, recurrió a una explicación tan simple como estúpida: sin lugar a dudas, y si analizábamos los cuerpos acosados por el fuego maldito, es probable que el estudio forense desvelara la rotunda conclusión de que los finados, o eran alcohólicos, o fumadores empedernidos. Para que hablar cuando se daban los dos elementos… Las pruebas sobre cadáveres calcinados eran una constante, y así, en el año 1965, el doctor John Gee, a la sazón médico interno del Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Leeds, dictaminó, tras efectuar sus propias indagaciones, que la ignición de determinadas muestras de tejido adiposo se producía cuando se colocaba una corriente de aire, que en definitiva, propiciaba la expansión del fuego.
Ello sin embargo no explicaba la extrema prontitud con la que ardían los cuerpos, que en ocasiones, observando la posición en la que se hallaban, denotaban que ni tan siquiera habían sido conscientes de su propia muerte. Además, la energía calórica liberada por las víctimas en el instante preciso del incendio jamás hubiera sido alcanzable en circunstancias normales. Es decir, cuando un ser humano, especialmente si éste aún permanece con sus constantes vitales a pleno rendimiento, sufre quemaduras en su anatomía, por muy graves que sean es casi imposible que afecten a órganos internos.
En conclusión: quemar un organismo humano vivo resulta a todas luces hartamente complicado, y mucho menos si estamos hablando de que la combustión se produce en pocos segundos. Sirva como ejemplo ilustrativo la tesis mantenida por el doctor Wilton Krogman, antropólogo forense de la universidad norteamericana del estado de Pennsylvania y gran estudioso de la CHE, quien asegura que sus trabajos sobre el polémico asunto le han llevado a analizar los cuerpos consumidos por las llamas en crematorios, determinando que para que ésto suceda es necesaria una fuente de calor superior a los ¡mil grados centígrados!, y aún así, los huesos no padecerían los efectos devastadores del fuego.



El cristal se derrite

Uno de los casos más representativos tuvo lugar en la localidad francesa de Arcis-sur-Aude, en el caluroso mes de junio de 1971. Un vecino de la localidad, León Eveille, fue hallado muerto, cruelmente incinerado en el interior de su vehículo. Sus articulaciones, o lo que quedaba de ellas, no estaban agarrotadas. No en vano, si hubo algo que sorprendió a los agentes de la ley tras levantar el cadáver es que éste no parecía haber sufrido daño alguno, más bien era como si la muerte le hubiera sorprendido en mitad de un plácido sueño. La combustión llegó a tal punto que los cristales del coche se derritieron. Es importante destacar este punto ya que para que el vidrio pase de su estado habitual a líquido, al menos debe de estar bajo la acción intensa de más de un millar de grados centígrados.
Pese a las evidencias, la ciencia, en especial hace algo más de un siglo se negaba a ser partícipe de algo que consideraban formaba parte de la creencia, siendo imposible aplicar sobre el asunto el tan manido método científico, tal y como lo conocemos desde el siglo XVI.
Uno de estos sabios eruditos que con mayor fruición atacó a los defensores –pocos, todo hay que decirlo– de la CHE fue el célebre químico Justus von Liebig, quien justificaba los extraños casos afirmando que se debían a la mente calenturienta de personas ignorantes, que a expensas de dar con una desconocida explicación física, preferían incluir el tema entre los márgenes de un universo paranatural y ficticio.
El intento por aportar conclusiones relativamente convincentes llevó a algunos científicos a promover la idea de que la causa de dichas combustiones podría tener su génesis en un misterioso gas que se formaba en el interior del cuerpo, y que una vez entraba en contacto con el oxígeno, generaba tal cantidad de calor que provocaba la ignición. En el libro Medicina forense y toxicología, editado en 1914 y escrito por los doctores Mann y Brend, se pretendía argumentar la existencia de dicho elemento, aportando casos y testimonios similares en los que la acción de esta sustancia acababa con la vida de seres humanos, que fallecían carbonizados. El componente común de algunos sucesos era sorprendente: los cuerpos aparecían hinchados, y al horadar con finas agujas las partes más inflamadas se liberaba un gas que al contacto con el oxígeno gestaba pequeñas llamas de tonos azulados. La hipótesis era atractiva, pero carente de elementos que avalaran su definitiva aceptación. La mente implacable de Liebig rondaba cualquier nueva teoría, y en este particular no iba a hacer una excepción. Por consiguiente, lo primero que tenían que demostrar era la existencia del agresivo gas, cosa que jamás ocurrió.