martes, 22 de julio de 2008

Animales que seguramente van a extinguirse la proxima decada


Los científicos han hecho un nuevo recuento de especies en peligro de extinción . Una de las más amenazadas es el lince ibérico (Lynx pardinus), uno de los felinos más amenazados del planeta. Su número ha caído a unos 120 en las regiones andaluzas, principalmente en el centro para la protección de la especie en El Acebuche . Éste es un ejemplar fotografiado en su jaula en un zoo de Santillana del Mar, Cantabria


Orangután de Sumatra (Pongo abelii), es la más rara de las dos especies de orangután (la otra es el orangután de Borneo, Pongo pygmaeus). Se calcula que quedan unos 7.500 ejemplares en las selvas de Sumatra, una población que, si sigue desapareciendo al ritmo actual de mil al año, en una década estará totalmente extinguida. La principal causa de su desaparición es la tala de los bosques en los que vive


Camello bactriano (Camelus bactrianus), ancestro del camello moderno, habita en el desierto de Gobi (el de la imagen vive en un zoo alemán). Aunque ha sobrevivido a más de cuatro décadas de ensayos nucleares chinos en la zona, los expertos dudan que pueda hacerlo a la caza, depredación por parte de los lobos, el desarrollo industrial y el cruce constante con los camellos modernos. De acuerdo con la organización Wild Camel Protection Foundation , en 2033 habrá desaparecido el 84 % de los ejemplares; se estima que actualmente quedan unos 650 en China y 350 en Mongolia


Gacela dama (Gazella dama), una especie que habita en el norte de África (en la imagen, una gacela fotografiada en un zoo de Hawai). En la última década, un 80 % de la población ha desaparecido; queda un centenar de ejemplares en Chad, Níger y Mali, amenazados por la caza ilegal y la destrucción de su hábitat.


Caimán chino (Alligator sinensis) es un caimán pequeño que vive en los pantanos del bajo Yangtzé, el mismo río que albergaba al raro y probablemente ya desaparecido delfín chino. Rara vez alcanza los dos metros de largo y 40 kilos de peso; aunque es común criarlo en cautividad, los expertos estiman que no quedan más de 200 ejemplares en libertad


Rinoceronte negro (Diceros bicornis), una de las dos especies de rinocerontes que viven en la sabana africana (la otra es el rinoceronte blanco). Sus cuernos son muy codiciados como adornos o por sus propiedades medicinales, aunque están hechos de queratina común, el mismo material de las pezuñas. A principios del siglo XX había cientos de miles de rinocerontes negros habitando en África; ahora sólo quedan algunos miles.


Saguinus bicolor es un primate que habita una pequeña área cerca de la ciudad brasileña de Manaos, de dos millones de habitantes, en el noroeste del país. La expansión urbana y el crecimiento de las superficies ganaderas y agrícolas ha destruido la selva en la que habita esta especie.


Tortuga laúd, canal o baula (Dermochelys coriacea), la mayor de las tortugas vivientes, que alcanza los dos metros de largo y los 600 kilos de peso. También son las que a más profundidad llegan: hasta 1.200 metros mientras cazan medusas. Habita en aguas del Pacífico, Atlántico e Índico. Su población ha disminuido en las últimas dos décadas debido al consumo de sus huevos y su carne, desarrollo en las playas donde anidaba de proyectos turísticos y pesca accidental mientras se captura a otras especies. En 1980 había unos 115.000 ejemplares, ahora hay menos de 43.000.

miércoles, 2 de julio de 2008

¿Como reducen las cabezas los Jibaros?


El pueblo de los Shuar, más conocido por el nombre de Jíbaros (nombre dado por los españoles) es originario del altiplano ecuatoriano, en las fuentes del Amazonas, al norte del río Marañón y entre las cuencas del río Pastaza y el río Chinchipe.

Si por algo son realmente conocidos y temidos, es por la capacidad que tienen de reducir las cabezas de sus enemigos.

De cada victoria, el gran guerrero conserva un testimonio: una cabeza cortada y luego reducida. Esta costumbre no tiene por único objeto hacer alarde de trofeos de guerra, pretende que el espíritu del muerto, el muisak, no vuelva para vengarse del asesino.

Por ello, el guerrero que mató a un enemigo debe llevar a cabo un complejo ritual, destinado a encerrar el alma del muerto en su propia cabeza, cuidadosamente reducida, llamada tsantsa. La preparación de la cabeza dura varios días y las operaciones materiales se alternan con las ceremonias mágicas.

1º Lo primero es, obviamente, cortar la cabeza al enemigo.

2º Con un cuchillo se hace un corte desde la nuca al cuello, se tira de la piel y se desprende del cráneo. Se desecha el cerebro, ojos y demás partes blandas, además de todos los huesos.

3º Se mete en agua hirviendo a la que se añade jugo de liana y otras hojas, lo que evita que se caiga el pelo. Se mantiene durante unos quince minutos aproximadamente; más tiempo la ablanda demasiado y es difícil impedir que no se pudra.

4º Se saca del agua (con un tamaño aproximado de la mitad del original) y se pone a secar.

5º Se raspa la piel por dentro para quitar restos de carne y evitar el mal olor y la putrefacción y se frota por dentro y por fuera con aceite de carapa.

6º Después se cose el corte de la nuca, los ojos y la boca, de manera que queda como una bolsa, en la que se echa una piedra del tamaño de un puño o el volumen equivalente en arena caliente.

7º Se cuelga sobre el fuego para desecarla poco a poco con el humo a la vez que se le va dando forma al cuero con una piedra caliente. En este proceso la cabeza acaba de reducirse.

8º Una vez seca la cabeza se vacia la arena y se tiñe la piel de negro.

9º Luego se introduce un cordón de algodón por un agujero practicado en la parte superior de la misma y se asegura en la abertura del cuello con un nudo o un palito atravesado.

Queda tal que así:


Así, con los ojos cosidos y la cabeza teñida de negro, el alma del enemigo queda atrapada en la oscuridad y ya no hay nada que temer de él ni de su venganza.

viernes, 27 de junio de 2008

¿La guillotina mataba al instante?

Ante la decapitación por la guillotina, surge un problema planteado por algunos médicos: la muerte puede no ser inmediata y la cabeza separada del cuerpo sigue viviendo un cierto tiempo. La cabeza no está muerta sino moribunda.

Es más, se piensa que los guillotinados durante la Revolución Francesa, tenían tiempo de ver cómo los asistentes a la ejecución les vituperaban cuando el verdugo sujetaba su cabeza para enseñarla al público… Eran sólo unos segundos, el tiempo que tardaba el cerebro en perder cualquier rastro de aporte sanguíneo.

El fisiólogo Paul Loye, no faltaba a ninguna ejecución capital que tuviese lugar en París y a veces iba también a presenciar algunas ejecuciones de provincias. Escribió un libro con sus observaciones al que tituló “La mort par décapitation”.



En ella apunta el hecho de que el condenado, con mucha frecuencia sufre un síncope antes del momento fatal y cuando el verdugo le decapita es ya prácticamente un cadáver. La ansiedad, la angustia, la emoción suelen producirles un shock.

Las entrevistas realizadas a verdugos confirman esta circunstancia. Por ejemplo, Brand, el ejecutor de Berlín, afirmaba que de cada 10 criminales ejecutados por él, apenas uno iba más o menos íntegro al suplicio. Los otros estaban ya medio muertos cuando les ponía la mano encima. Eran una masa inerte, sin fuerzas, insensibles. Deibler, el ejecutor de París decía casi lo mismo. El verdadero dolor no lo sienten al ser guillotinados, sino en los momentos que preceden a la muerte. Es un dolor moral.

Los dirigentes de la Revolución francesa adoptaron la guillotina por recomendación de la Academia de Cirugía para realizar las ejecuciones capitales. La Academia recomendó el instrumento inventado por un médico, el Dr. Guillotin, por lo rápido y limpio que producía la muerte. Afirmaban los técnicos que el dolor duraba escasas fracciones de segundo, el tiempo que tardaba la cuchilla en cortar la cabeza.


El Doctor Joseph Ignace Guillotin

El famoso médico-legista Brouardel decía que “la decapitación es la forma de suplicio que suprime más completamente los dolores que resultan de la aplicación de la pena e incluso los que en otras formas de pena de muerte resultan de la falta de precisión y destreza del verdugo”.


El doctor Paul Brouardel

Paul Loye, además de sus observaciones en numerosos sujetos condenado a la pena capital, realizó experimentos en animales. Todo le demostró que desde el punto de vista humano, constituía un progreso sobre el ahorcamiento, la estrangulación, la rueda, la hoguera y el descuartizamiento. Por ejemplo, los patos tienen más facilidad que los pollos para vivir sin cabeza. Eso forma parte del conocimiento popular; si le cortas la cabeza a un pato y lo sueltas, saldrá corriendo, golpeándose con todo porque no ve nada, pero corre y aguanta al menos un par de horas sin ningún problema.

Ya durante la Revolución francesa, se propagó la idea de que la cabeza seguía pensando y sufriendo una vez separada del cuerpo. El famoso anatómico alemán Dr. Soemmering indicaba que “la decapitación sólo existía en países notables por la estupidez y la brutalidad de sus leyes”. Consideraba que la cabeza separada del cuerpo conservaba unos segundos (o una hora ¿quién sabe?) sensibilidad y pensamiento. Se podían observar movimientos espontáneos en las cabezas. El Profesor de Anatomía Dr. Sue, decía que no sólo la cabeza, sino el cuerpo, manifestaba signos de sufrimiento después de la decapitación. A partir de 1794 surge un vivo debate entre los médicos, iniciado por el Dr. Soemmering en Alemania y el francés Dr. Oelsner, quienes se preguntan si la muerte sobreviene coincidiendo con el acto de la decapitación.


El Doctor Soemmering

Recordaba la circunstancia de que cuando un enfermo sufre la amputación de un miembro (brazo, pierna), aún años después de haber cicatrizado el muñón, sigue “sintiendo” su pierna y dolores en ella como si aún existiese la pierna o el brazo. Los siente en el lugar que ya no están. Este es un hecho comprobado por la Cirugía moderna.

Al no recibir irrigación sanguínea, las células del cerebro del decapitado pierden su vitalidad y su función. En los experimentos en animales decapitados, se ha podido observar la existencia de movimientos y contracciones en la lengua, ojos, párpados, labios, narices. Si se toca la córnea, los párpados se cierran. Pero se ha dicho que son actos inconscientes, reflejos. El animal decapitado es un animal asfixiado con tensión arterial cero. Los movimientos que pueden presentarse son asfícticos.

El cerebro no irrigado puede vivir dos minutos, decía Laborde. Vulpian lo negaba. Por su parte, Loye afirmaba que la muerte sobreviene por un doble mecanismo en el guillotinado: por inhibición y por asfixia, lo que produce la pérdida de conciencia instantánea.


Según las observaciones de Loye en decapitados, la cabeza separada del cuerpo conserva durante dos o tres minutos una calma absoluta y después de este periodo se producen a veces movimientos espontáneos de la cara con apertura y cierre de la boca, oscilaciones de los ojos. Goncourt, citado por Varigny, de quien tomo estos datos, dice que “algunos decapitados, después de 45 minutos de la muerte, si se les pinza en el pecho, llevan la mano al lugar del pinzamiento con un movimiento vivo.

Otros fisiólogos han hecho observaciones en la cabeza de los guillotinados, como Holmgren, Regnard y otros. Todos confirman que en la cabeza cortada se pueden provocar movimientos por diversas excitaciones de la piel, nervios y músculos, así como pueden observarse movimientos en los párpados y pupilas, pero las consideran simples reflejos en los que no interviene la conciencia.

La tradición cuenta de la Reina María Antonieta que cuando fué decapitada, el verdugo orgulloso de su obra, cogió la cabeza por el resto del cabello que le habían dejado y levantándola en alto, la mostró a la muchedumbre y para más escarnio, le abofeteó el rostro. Y sigue contando la tradición que el rostro se sonrojó y la cabeza “se quejó”.


Ejecución de Maria Antonieta

Se cuenta también el caso de Lacenaire quien había prometido a un médico, filósofo y amigo que iba a presenciar su ejecución en la guillotina, que después de la decapitación, le haría un guiño con el ojo, lo que significaría: “¡Aún estoy aquí!”. Se mantuvo el condenado muy sereno hasta el final, pero la cabeza no hizo el guiño prometido.

Cuenta Varigny otro caso parecido, el de Couty de la Pommerais que había concertado con el famoso médico Vealpeau hacer también un guiño después de ser decapitado. Se dice que no hizo tal gesto la cabeza, aunque Vealpeau nunca dijo ni escribió nada sobre esto.

Brown-Sequard decía que la decapitación mataba sin agonía, sin convulsiones, en perfecta calma, anulando el poder reflejo y el automotor. La hemorragia súbita hace caer la tensión a Cero en 1/10 de segundo y paraliza la conciencia, la voluntad, la inteligencia y la sensibilidad.

Vulpian señalaba que la transfusión sanguínea en la cabeza depués de la decapitación, produciría “un grand et terrible spectacle”. Aunque parezca increíble, esta experiencia fué intentada por algunos médicos franceses, pero nunca pudieron hacerlo “inmediatamente” sino pasados varios minutos y no obtuvieron ningún resultado. El experimento parece del peor gusto y creo que nadie tiene derecho a realizarlo. Es algo inhumano, tan indigno como los crímenes que pudo cometer el ajusticiado o aún más. Y aún más increíble es la preparación del criminal antes de la ejecución para poder realizar esta experiencia, ya que es preciso practicar “in vivo” la denudación de las carótidas con la colocación en ellas de una cánula adecuada para el paso de la sangre transfundida a la cabeza.


No en una, sino en varias ocasiones se ha dado el caso de que durante las guerras, un obús produjo impacto directo sobre la cabeza de un soldado decapitándolo. Seguidamente se pudo ver aquel cuerpo sin cabeza cómo daba algunos pasos continuando con los gestos del que avanza, mientras un surtidor de sangre brotaba por las carótidas seccionadas y breves instantes depués el cuerpo caía de bruces tras la inercia de su avance.

El corazón de un decapitado continúa latiendo hasta 25 minutos después de la separación de la cabeza. La respiración, sin embargo, se detiene completamente casi enseguida.

L. Capitán comunicó a la Societé de Biologie de Paris (25 junio 1898) sus observaciones durante la ejecución de Carrara, un asesino reincidente. Al llegar ante la guillotina, el condenado estaba pálido como un muerto y casi inerte cuando se le colocó el cuello en el aparato. Después de la decapitación, la sección del cuello quedó al principio exangüe. No salió nada de sangre durante breves momentos, pero al caer la cabeza en el cesto y el cuerpo sobre la plataforma de madera, de pronto brotaron unos chorros de sangre hasta un metro de altura. Interpreta este hecho Capitán, diciendo que el condenado debió sufrir un síncope cardiaco con detención momentánea del corazón debido a la emoción. La acción física producida por la sección de las carótidas al caer la cuchilla, estimuló las contracciones del corazón que comenzó a latir siendo su impulso lo que hizo surgir los chorros de sangre. Y termina su comunicación diciendo que si a Carrara no le hubieran guillotinado, de todas formas hubiera muerto por paro cardiaco, debido a la emoción del miedo.


El famoso anatómico inglés John Hunter, durante una polémica ante un jurado, fué contradicho por uno de sus colegas. Fué tal la reacción de disgusto que experimentó Hunter que quedó muerto en el acto.

Auberive escribió una obra titulada: “Anecdotes sur les décapités”, publicada en París en el que cita la célebre anécdota de María Estuardo, cuya cabeza decapitada habló. Y menciona también una experiencia realizada por médicos sobre un sujeto joven condenado a ser decapitado. Apenas terminada la ejecución, los cirujanos detuvieron la hemorragia de cabeza y tronco, ajustando ambas partes con la mayor precisión posible: vértebra con vértebra, nervio con nervio, arteria con arteria, estimularon la respiración aproximando líquidos volátiles a la nariz y entonces la cabeza pareció reanimarse. Percibieron contracciones de los músculos de la cara y los párpados. Después de algunos otros signos de vida el sujeto expiró.


Ejecución de Maria Estuardo

Ya la experiencia en aquel tiempo era atrevida, increíble y demuestra que las dudas de los cirujanos eran generales en cuanto a que la decapitación producía la muerte inmediata. Se aseguró también que la cabeza de Carlota Corday, ejecutada por haber dado muerte al revolucionario Marat, y a la que el verdugo abofeteó al mismo tiempo que la levantaba para que la viese el pueblo, emitió un grito de indignación ante aquel insulto.


Ejecución de Carlota Corday

La discusión continuó por muchos años y desde el ensayo del Dr. Soemmering “Sur le supplice de la guillotine” y otros como el Dr. Sue, “Opinion du chirurgien Sue, Professeur de Médecine et de Botanique, sur le supplice de la guillotine”, aparecieron refutaciones del Dr. Cabanis y el Dr. Gastellier, la obra de Leveillé, cirujano del Hôtel-Dieu de París: “Dissertation physiologique” y la obra del Dr. Sédillot el joven: “Reflexions historiques e physiologiques sur le supplice de la guillotineª, hasta la famosa obra imaginativa de Villiers de l’Isle-Adam, ´Secret de l’échafaud”.

Soemmering decía estar convencido que si el aire circulase todavía regularmente por los órganos de la voz que no quedaban destruidos, esas cabezas cortadas hablarían.


Basándose en experiencias hechas sobre miembros amputados de hombres vivos, Soemmering observa que la sensibilidad puede durar hasta un cuarto de hora.
De ahí deduce que la cabeza cortada puede oír y pensar bastante tiempo todavía.

A todo esto el Dr. Sédillot asegura que el guillotinado está muerto ya antes de ser decapitado, desde el instante incalculable en que el pesado cuchillo golpea con su enorme contundencia la médula y el bulbo raquídeo antes de cortarlos.

Cabanis era más prudente, señalando que ningún decapitado ha podido contar lo que ha sentido.

El viejo soldado y su tanque


Una imagen conmovedora: Un veterano ruso de la Segunda Guerra Mundial se encuentra con el que fue su propio tanque. En el que pasó toda la guerra. Habia sido colocado en una pequeña ciudad rusa como monumento.


El encuentro con su pasado consiguió emocionar al viejo soldado soviético. De tal forma que le produjo una sacudida emocional, he hizo que la gente se preocupara por su corazón y no pudiera hacer frente al shock.



El viejo soldado emocionado

Barreras antisuicidas

Curiosas e inquietantes barreras antisuicidas situadas en la linea Yamanote del metro de Tokio:


Existen similares barreras en otros suburbanos del mundo:

Paris - Linea 13 - St. Invalides :


Estación Dhoby Ghaut en Singapur:


Barreras estilo soviético en el metro de San Petersburgo:

Cuando la Naturaleza se cabrea








jueves, 26 de junio de 2008

Neurofibromatosis, una enfermedad terrible

Las neurofibromatosis son trastornos genéticos del sistema nervioso que afectan principalmente al desarrollo y crecimiento de los tejidos de las células neurales (nerviosas). Estos trastornos ocasionan tumores que crecen en los nervios y producen otras anormalidades tales como cambios en la piel y deformidades en los huesos. Las neurofibromatosis ocurren en ambos sexos y en todas las razas y grupos étnicos y se transmiten a la descendencia de forma autosómica dominante. Los científicos han clasificado los trastornos como neurofibromatosis tipo 1 (NF1) y neurofibromatosis tipo 2 (NF2) cada uno con una alteración en un cromosoma diferente (17 y 22 respectivamente). Existen otros tipos o variantes de neurofibromatosis, pero éstos no han sido definidos aún.


La neurofibromatosis tipo 1 (NF1) es el tipo más común de neurofibromatosis que ocurre aproximadamente en 1 de cada 4.000 personas en los Estados Unidos. Aunque muchas personas afectadas heredan este trastorno, entre el 30 y el 50 por ciento de los nuevos casos surgen espontáneamente mediante mutación (cambios) en los genes de una persona. Una vez que ha ocurrido este cambio, el gen mutante puede pasarse a generaciones sucesivas.


Con anterioridad, la NF1 se conocía como neurofibromatosis periférica, (o neurofibromatosis de von Recklinghausen) debido a que algunos de los síntomas, tales como manchas en la piel y tumores, parecían estar limitados a los nervios exteriores o al sistema nervioso periférico de la persona afectada. Este nombre ya no es técnicamente exacto debido a que ahora se sabe que en la NF1 ocurren tumores del sistema nervioso central.

miércoles, 25 de junio de 2008

Campos de concentracion en EEUU



Entre las víctimas indirectas de la 2ª Guerra Mundial estuvieron los japoneses que vivían en Estados Unidos. La mayoría de los que vivía en Hawai (que Japón había bombardeado) tuvo que aprender a vivir con el rechazo social y siendo tratado como enemigo del país, pero fue en el continente donde se produjeron más hostilidades.




Al principio de la guerra unos 120.000 japoneses vivían en la costa oeste de Estados Unidos, la mayoría en California. A pesar de la falta de evidencias o pruebas creíbles, Roosevelt sucumbió a la insistencia de que los japoneses debían ser clasificados como "extranjeros enemigos". El 19 de febrero de 1942 firmó la orden ejecutiva número 9066 que daba al ejército autoridad para zonas de las cuales "algunas o todas las personas debían estar excluidas".


Los militares decretaron que todos los descendientes de japoneses fueran desplazados de la costa este por haber sido declarada zona estratégica. Tuvieron que vender sus propiedades y negocios, en muchas ocasiones aprecios ridículos, abandonar sus hogares y establecerse en uno de los diez campos de reubicación construidos por el gobierno. Mientras estuvieron allí, contribuyeron al esfuerzo bélico cultivando el campo o trabajando en fábricas. Los que se negaban a hacerlo acabaron en prisión.


Algunos ciudadanos de origen japonés protestaron, sin embargo fueron recluidos durante más de dos años, hasta que a finales del año 1944 (todavía en guerra) el Tribunal Supremo resolvió que no era apropiado detener a personas cuya lealtad no estaba en cuestión. A finales de 1944 se comenzaron a cerrar los campos y se permitió a las familias volver a la costa oeste. Por entonces había unidades con estadounidenses de origen japonés luchando en Francia e Italia, a pesar de lo cual la discriminación hacia ellos continuó durante mucho tiempo después de acabar la guerra.




El gobierno estadounidense ofrecería compensaciones a las víctimas a partir de 1951, pero no se disculparía hasta 1988 afirmando que la concentración de prisioneros se debió a "los prejuicios raciales, la histeria bélica y la deficiencia del liderazgo político".

domingo, 22 de junio de 2008

Se amputó la pierna porque "la odiaba"



David Openshaw, de 28 años, sufre "Desorden de Identidad de la Integridad Corporal". El hombre se congeló la pierna para que pudiera ser cortada, lisa y llanamente.

La enfermedad, cuyos síntomas provocan en el individuo afectado un irresistible deseo por amputarse una o más extremidades sanas del cuerpo, lo llevó a tomar esta drástica decisión.

Con seguridad, el hombre metió su pierna derecha en un bidon con hielo durante horas. Cuando ya no podía sentir absolutamente nada de la rodilla para abajo, decidió sacarla y se la cortó.

El enfermo dijo que "odiaba" la pierna desde que tenía cuatro años, pero que ahora se siente encantado con su prótesis.

También aseguró que ahora está mucho más feliz. En el trabajo dicen que ahora David es mucho más eficaz, y su esposa admitió que desde que se cortó la pierna, la relación entre ellos mejoró muchísimo.

jueves, 19 de junio de 2008

El hombre que arruino al planeta.......dos veces

A veces, los avances tecnológicos son aplicados sin conocer ni medir sus consecuencias negativas a largo plazo. El inventor estadounidense Thomas Midgley tiene el dudoso honor de haber arruinado severamente la atmósfera del planeta entero con sus descubrimientos… en dos oportunidades.



En la década de 1920, Midgley se encontraba en la búsqueda de una solución para el traqueteo o pistoneo de los motores de combustión interna utilizados en aviones y automóviles. Se trata de un fenómeno destructivo que empeora a medida que se aumenta la relación de compresión de los motores, provocando su rotura. Como para obtener mayores potencias es necesario aumentar la relación de compresión, el inconveniente se había vuelto crítico y muchos fabricantes de motores dedicaron ingentes esfuerzos para resolver el problema.

Trabajando para la General Motors, Thomas Midgley concluyó que el problema no se hallaba en el diseño de los motores sino en la fórmula del combustible utilizado. Luego de probar innumerables productos químicos en combinación con la gasolina de entonces, Midgley descubrió que añadiendo tetraetilo de plomo al combustible, el pistoneo desaparecía. Poco tiempo después, una corporación integrada por las compañías Dupont, GM y Standard Oil se dedicó a producir y distribuir a gran escala un aditivo al que llamaron “etilo” y que se incorporó de inmediato a los combustibles para vehículos.

El nombre “etilo” no fue elegido casualmente. En la denominación se dejó de lado la mención al plomo porque ya se sabía que se trataba de un metal altamente tóxico. Los vapores de plomo atacan directamente al sistema nervioso. Entre sus efectos se cuentan la ceguera, el insomnio, la insuficiencia re*nal, la pérdida de audición, el cáncer, la parálisis y las convulsio*nes, y hasta alucinaciones seguidas de coma y la muerte.

De hecho, la inhalación de los vapores de plomo en elevadas concentraciones tuvo terribles consecuencias sobre los trabajadores de la fábrica del aditivo y provocaron la demencia y la muerte de numerosos empleados de la fábrica. Como el etilo representaba un negocio fenomenal, los directivos de la corporación negaron toda relación entre el químico y los desequilibrios mentales detectados, alegando que algunos operarios habían enloquecido debido al estrés causado por las intensas horas de trabajo acumuladas.

El propio Thomas Midgley brindó una conferencia de prensa en donde intentó demostrar que la inhalación de vapores de plomo no era nociva en absoluto. Ante los periodistas presentes, aspiró durante varios minutos los gases de tetraetilo de plomo contenidos dentro de una botella. La demostración no convenció al público, y con mucha razón; después del acto, Midgley se vio obligado a recluirse durante meses para recuperarse de los efectos de la inhalación.

La fábrica de tetraetilo de plomo cerró poco después, pero la producción continuó en otras plantas, bajo medidas de seguridad más estrictas. Los gases de escape de los vehículos impulsados por combustible con plomo han contaminado la atmósfera del planeta durante más de setenta años -y lo siguen haciendo en muchos países- elevando además los niveles de plomo en la sangre de miles de millones de personas, hasta que hace poco tiempo las petroleras comenzaron a reemplazar el tetraetilo de plomo por compuestos menos dañinos, en los combustibles mal llamados “ecológicos”.

Luego del incidente con el tetraetilo de plomo, parece que Midgley aprendió la lección y se dedicó a la investigación industrial de gases inertes y de escasa o nula toxicidad. Pero la fortuna no lo acompañó, ya que fue entonces cuando causó el segundo gran desastre ambiental de su vida, pero sin que ni él ni sus contemporáneos lo supieran.

Los refrigeradores eran terriblemente peligrosos a principios del siglo XX, debido a que utilizaban gases altamente tóxicos que solían filtrarse al exterior. Por ejemplo, una filtración de un refrigerador en un hospital de Cleveland (Ohio) provocó la muerte de más de cien personas en 1929. Midgley se propuso crear un gas que fuese estable, no inflamable, no corrosivo y que se pudiese respirar sin problemas, y finalmente lo consiguió. Gracias a ello obtuvo numerosas distinciones, entre ellas la membresía de la Academia Nacional de Ciencias y la presidencia de la Sociedad Química Americana.

El gas inventado por Thomas Midgley fue llamado freón, y se aplicó de inmediato en refrigeradores, aerosoles y equipos de aire acondicionado. Lo malo es que muchos años después se descubrió que el freón, perteneciente al grupo de los clorofluorocarbonos o CFC, era el principal destructor de la capa de ozono del planeta. Su uso fue prohibido definitivamente al comenzar el siglo XXI, luego de décadas de severos daños atmosféricos que causaron el ensanchamiento del agujero de ozono hasta límites alarmantes.

A los 51 años de edad, Thomas Midgley contrajo poliomielitis, una dolencia que redujo su movilidad pero no detuvo su ingenio. Para poder incorporarse en su cama sin ayuda, diseñó un complejo sistema de cables y poleas que fue instalado en su lecho. Un día, resultó estrangulado accidentalmente por uno de los cables y murió por asfixia. Como una última ironía del destino, Midgley terminó siendo víctima de uno de sus propios inventos.